Programas que llevan la noche al barrio
No todo pasa en el patio propio. Estos programas abren la propuesta a plazas, escuelas y espacios comunitarios del Gran La Plata, con un criterio común: observar primero, plantar después y sostener el cuidado en el tiempo.
Ciclos de siembra de aromáticas nocturnas
Trabajamos con vecinos y organizaciones barriales para armar canteros con especies que liberan su aroma al caer el sol. Cada ciclo arranca con una lectura del suelo, la orientación y el viento del lugar, y termina con un calendario de riego y poda que el grupo puede sostener sin depender de nadie.
Duración: entre cuatro y seis encuentros a lo largo de una temporada.
Jornadas de observación de polillas
Salidas nocturnas con registro simple: una libreta, una linterna cálida y una pantalla blanca para atraer sin dañar. Se anotan horarios, clima y visitantes, y esos datos quedan en un mapa colectivo que ayuda a entender qué especies circulan por la ciudad.
Pensadas para familias, docentes y curiosos sin experiencia previa.
Acompañamiento a docentes
Apoyamos a escuelas que quieren convertir un rincón del patio en un parche de biodiversidad. Definimos juntos qué plantar según el clima local, cómo armar un refugio con hojarasca y troncos, y qué actividades se pueden hacer con los chicos durante el año.
Incluye materiales de seguimiento para el aula.
Diagnóstico de espacios comunitarios
Antes de intervenir, recorremos el lugar con quien lo habita: medimos luz artificial, identificamos corrientes de aire y revisamos qué plantas ya están. De ahí sale una propuesta realista, ajustada al mantenimiento que el grupo puede darle.
Iluminación responsable como eje transversal
En cada programa revisamos las luminarias del espacio: temperatura de color, orientación del haz y horarios de apagado. Es un ajuste simple que cambia mucho la vida nocturna del lugar y no requiere obra.
Red de espacios que se suman
Los patios, plazas y escuelas que participan quedan conectados entre sí. Compartimos registros, dudas y aprendizajes, y así los fragmentos verdes de la ciudad empiezan a funcionar como corredores para los polinizadores crepusculares.