El problema del patio
El patio tenía césped, una higuera y una luz blanca fría que quedaba encendida hasta la madrugada. Las polillas que llegaban al atardecer se quedaban dando vueltas alrededor del foco hasta caer agotadas. La familia lo notaba pero no sabía qué hacer. La consigna fue simple: convertir ese rincón en un lugar donde los insectos nocturnos pudieran alimentarse y descansar sin pelear contra la propia iluminación de la casa.